jueves, 19 de marzo de 2009

Viaje al sanatorio de Sierra Espuña 18-03-2009

Que pasa amigos! Ya estamos aquí de vuelta. Ayer tarde 18/03/2009 decidimos ir a acampar al sanatorio de Sierra Espuña y pasar allí la noche, a ver si conseguíamos pasar ese miedo que tanto ansiábamos desde hace algunos días. El viaje, como era de esperar, estaba poco planeado y una serie de imprevistos surgían a medida que avanzaba la tarde. Preparamos las tiendas de campaña, sacos, comida y demás y allá por las 7:30 partimos hacia Sierra Espuña.

Nada mas salir de la gasolinera HLH, donde habíamos quedado, nos encontramos con un impresionante atasco en la autovía en el que avanzamos a velocidades medias de 30 Km/h, debido a la cantidad de coches que decidieron tomar la salida de Cartagena en motivo de este largo puente.

Una vez tomada esta lenta salida, nos dirigimos a la carretera de Granada y Almería, sí, esa de los letreros amarillos en idioma MORO. Una vez entrados en Alhama de Murcia tuvimos que parar ya que Rubén se estaba orinando y no para de dar por culo todo el camino.

Continuamos el camino hacia el sanatorio pero como algunos preveíamos, nos equivocamos de camino, mas o menos nos pasamos unos 20 Km la salida que debíamos tomar. Conducía tranquilamente por una oscura carretera detrás de Álvaro, cuando de pronto éste para el coche de manera brusca, abre el maletero y con la música “a to capullo” se ponen a bailar en medio de la carretera, jajajaja fue realmente divertido e inesperado.

Una vez dada la vuelta y encontrado el camino adecuado, pusimos rumbo al escondido sanatorio, y cuando por fin llegamos, nos pusimos a montar las tiendas de campaña enfrente del mismo. Hacía un frío espantoso y yo, como hombre precavido, no me llevé chaquetón alguno aunque por suerte encontré una bufanda y llevaba puestas varias camisetas ajustadas que buen calor me proporcionaron.

La tienda en la que dormimos Miguel, Luis Fabia, Rubén y yo fue montada en 5 minutos y mientras que Álvaro, Cano y Joseda montaban la suya, nosotros nos pusimos a cenar de forma acelerada y animal, así como los cerdos hambrientos. Finalmente nos metimos todos en nuestra tienda y continuamos la cena.

Una vez finiquitada la cena y el humo era hora de entrar al Sanatorio, miedo por nuestras venas y una voz nos decía en el interior “que hostia puta mierda haces tú aquí, a ver pa que vienes”. Buscamos el hueco por el que entramos la primera vez que fuimos pero estaba cerrado y tuvimos que saltar la valla, incluido Luis Fabia que estaba con escayola y muletas. Al saltar la valla nos percatamos de la presencia de muchas personas curiosas que aprovecharon este puente para ir a este maldito edificio abandonado, como nosotros.

Como ya mencioné anteriormente, una serie de imprevistos surgían a medida que avanzaba la tarde-noche. Una vez dentro del sanatorio, nos damos cuenta de que solo llevamos una linterna para 7 personas. Como gente de pueblo que somos, compramos un litro de gasolina previamente para hacer antorchas como las de Indiana Jones o Rambo. Unida una manta a un palo e impregnada esta en gasolina, surge esto:

(Véase el tamaño respecto a mi cuerpo)

Caminamos con la antorcha por el recinto y nos encontramos un grupo de gente que nos dijo que apagáramos la antorcha ya que si nos veían los forestales la podíamos liar y nos multarían a todos. Ellos, mas listos que nosotros iban todos con casco de minero, sí, un poco ridículo pero efectivo. Nos recorrimos el sanatorio con la antorcha prendida. Cada vez que se apagaba, cortábamos mantas que se encontraban por el camino y volvíamos a prender. Le dimos bastantes vueltas al lugar y si llega a ser por mí, le pegamos fuego a todo el sanatorio, ya que la manta iba goteando y esta gente se empeñaba en apagarla jijiji.

En un momento dado, entramos a una de las infinitas salas de las que está formado el sanatorio, y una puerta a nuestra izquierda se cerró de manera violenta no habiendo nadie a nuestro alrededor, supongo que el ente de algún tuberculoso aburrido que tenía ganas de dar porculo esa noche. Conforme ocurrió este suceso, la amplia mayoría del grupo decidió abandonar aquel tenebroso lugar pero debido a la insistencia en volver al sanatorio de Joseda y yo, volvimos a entrar. No ocurrió nada en especial, aquello está formado por muchísimas habitaciones sin nada que remarcar, en algunas hay escombros, en otras no hay nada, en general un edificio en muy mal estado.

Volvimos a las tiendas de campaña y tras picar un poco, nos acostamos todos, cada uno en su respectivo saco con esterilla, a excepción de Luis Fabián que durmió sin ella. Antes de dormir hablamos y cantamos de manera escandalosa y disfrutamos de unas risas. Alguna que otra pesadilla hacía acto de presencia en nuestros sueños, y resultó bastante difícil dormir, mas que nada por la incomodidad y por el frío, o porque un amigo porculero no paraba de despertarme por los ronquidos.

Una vez sonaron los despertadores, allá por las 6:45 nos levantamos y comenzamos a desmontar el campamento base, con un frío impresionante que no nos dejaba a penas movernos. Una vez puestos los bártulos en el maletero, pusimos rumbo a nuestro querido pueblo para terminar este bonito viaje.

1 comentario:

Anónimo dijo...

jaja ke grande gabi!!! k pena no poder ir

Roke